EL MAL DE PADRÍO. Affectum Infirmorum.

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Cierta tarde noche una niña de unos 9 años de edad se encontraba sola en una habitación haciendo sus deberes. Se encontraba sola en el inmueble pues sus padres habían marchado, aunque sus abuelos si se encontraban en el piso de abajo y dejaron la puerta abierta de la estancia para que se sintiera acompañada y bajara si necesitaba cualquier cosa.
En esto que la niña mientras estaba ocupada por su tarea escolar siente el frio y metálico sonar de un teléfono viejo en el salón de los abuelos. Al principio no le presta mucha importancia pero enseguida se percata que sus abuelos no cogen el teléfono y se dispone a bajar para atender la llamada creyendo que podían ser sus padres.
La puerta del piso de abajo estaba entreabierta y llamando a sus abuelos se adentró en el salón sin que estos le respondieran. Se dirigió a una salita oscura donde estaba el teléfono que no cesaba de sonar y descolgó  expresándose en voz baja y dulce.

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– Diga, Diga… –
Nuestro personaje repetía una y otra vez  pero nadie parecía estar al otro lado de la línea. De pronto el silencio de entrecortó por una voz muy grave y gutural  que para la niña no era reconocible  y que le respondió desde el otro lado. La chiquilla se asustó mucho y colgó  alejándose de aquella oscura salita para retirarse a su salón con bastante temor e inquietud.
Los días pasaron y nuestra niña no comentó en principio nada de lo que había acontecido ni a sus padres ni a sus abuelos, pero algo noto que en ella estaba provocándole desazón. De hecho ni podía dormir bien, se sentía mal  y perdió el apetito. La madre muy preocupada por el estado de su niña le instaba una y otra vez a que le contase que es lo que le ocurría y como la chica no sabía bien que fue lo que le pudo pasar, conto a su madre la experiencia ocurrida en el piso de los abuelos.
La madre decidió entonces contar con los servicios de una curandera que se especializaba en curar este tipo de males que aparecen sin explicación  y cuyo origen se versa sobre la persona cuando ha sufrido un pavor o sobresalto repentino o una impresión muy fuerte en alguna experiencia traumática, el popularmente conocido como “ Mal de Padrío” .
El ritual de sanación de este mal consistió en tumbar a la niña boca arriba en su cama y despojarla de la ropa descubriéndole el torso, es entonces cuando la curandera frotaba la barriga de la niña con aceite de oliva rezando una oración.
Pasó el tiempo y pude entrevistar a la niña que ya era una mujer. Esta me comento que aunque parece ser que su mal desapareció, pasó más miedo con la curandera que con aquella extraña experiencia y que para nada volvería a contar con una sanadora para curar a un niño.

Muy Poco se sabe de esta peculiar dolencia y que posiblemente se denomine en otros lugares con nombres como por ejemplo “El Meigallo” en  Galicia. En mi opinión es muy probable que se trate de una especie de” Mal de superchería” o que se incluya dentro de él como variante “light”. Que tan diverso es en sus manifestaciones. Ya que en su ritual de cura se utiliza el aceite  y los rezos como elementos terapéuticos como con el caso del” mal de ojo “. Aunque este no se produzca por las malas intenciones hacia la persona afligida en cuestión.
El Mal de Padrío  también aparecía en sujetos cuando en los velatorios miraban el rostro descubierto del  difunto y se les quedaba grabado en la memoria hasta tal punto que no se lo podían quitar del pensamiento  y ese rostro del cadáver era un tormento.
Asociado a cuadros de tristeza, depresión e incluso  obsesiones- compulsiones   dolencias típicas de la medicina psiquiátrica forma parte de la superstición o superchería de la tradición antigua y como tal así la hemos reflejado .

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COMENTARIOS DE NUESTROS LECTORES.

Coqui Lara

Al leer sobre El mal de Padrío, he recordado que fui tratada de ese mal con apenas cinco años.
A consecuencia de haber recibido un gran susto, empecé a sentir los síntomas que se describen en el relato. Dos médicos que me trataron, no consiguieron que el malestar desapareciera.
Mis padres, no sé si por recomendación de alguno de aquellos doctores o por algún otro medio, recurrieron a una amiga y vecina de la familia que, al parecer tenía capacidad para “curar” este mal. He de decir que esta señora no se dedicaba a las labores de curandera para ganarse la vida, lo hacía como un favor personal.
El ” tratamiento” consistía en masajear la barriga, tumbada en la cama, con aceite de oliva entibiado al calor de una mariposa y contenido en un cuenco de barro. No recuerdo si la señora musitaba algo o no.
El resultado, tras varias sesiones, fue mi recuperación total. ¿ Realidad, sugestión? No he llegado a saberlo nunca.
Tampoco he conocido a nadie más que fuese “curado” de ese ” mal” y con ese método. Mis padres tampoco recurrieron nunca más a ningún ¿ curandero?.
Y he de decir, por último, que no recuerdo haber sentido ningún miedo, quizás porque conocía muy bien a la señora que me dio los masajes.
Yo Fui curada de ese mal. Era pequeña unos 4 o 5 años. Recuerdo que estaban siempre asustandome de que había una bruja en el armario y me daba mucho miedo. Me puse mal del estómago, Una vecina de San Miguel lo curaba, y vino a mi casa me tumbaba en el sofá me.daba masajes con aceite y creo que rezaba el padre nuestro. La verdad que el dolor desapareció.
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4 comments

  1. M. · noviembre 3, 2016

    Yo Fui curada de ese mal. Era pequeña unos 4 o 5 años. Recuerdo que estaban siempre asustandome de que había una bruja en el armario y me daba mucho miedo. Me puse mal del estómago, Una vecina de San Miguel lo curaba, y vino a mi casa me tumbaba en el sofá me.daba masajes con aceite y creo que rezaba el padre nuestro. La verdad que el dolor desapareció.

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  2. Rosa de Antequera · enero 25

    En mi familia mi madre contaban que habían curado varias veces a miembros de ella, efectivamente, los síntomas eran el malestar general, la imposibilidad de comer por la desazón en el estomago, y algunas veces acompañado de fiebre. Estos síntomas remitían tras ser “curados” tras tres días, aunque en mi caso me contaban que después del masaje en la tripa con el aceite o bien se salpicaba con vinagre o se ponía un trozo de pan mojado en vinagre y que al rato se quitaba. Yo misma fui testigo de como una vecina al conocer la historia le pidió a mi madre que le curase a su hija… nunca mi madre había hecho aquello, pero tanto le rogaron que lo hizo y la niña sanó, después con el tiempo mi hermana a causa de un gran pavor que profería a una religiosa de un convento que le daba clase, ya que trataba muy mal a los niños y ella quedo muy impresionada al punto de enfermar, pues bien mi madre curo a mi hermana y ésta sanó.
    Y por último, hace muchos años, mi novio, en el trabajo tuvo un accidente del que salió ileso pero fue tan grande el susto que pasó que empezó con fiebres y malestar, después de muchas pruebas y analíticas, muchos medicamentos y antibióticos, yo me acordé de esto… y le hice el tratamiento… a los tres días estaba sano… desde el primer día mejoró…
    No me tengo por curandera, ni lo he hecho con nadie mas porque no ha surgido la ocasión tampoco…no creo que tenga ningún don especial.. pero se que esto pasa y existe, he visto como se curan las personas…

    Personalmente, creo que esto tiene mas que ver con ese llamado “segundo cerebro” que tenemos debajo del estómago, se han descubierto muchas terminaciones nerviosas y que quizás a causa del masaje, restablezcan su función tras haber quedado bloqueadas por el susto…

    Saludos, de una antequerana enamorada de su tierra….

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