EL CURANDERO SABIO. Sapiens Curator.

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Se cuenta que en su día existió en la comarca un curandero afamado por sus dotes como clarividente y sanador. Cierta vez un hombre aquejado de problemas para conciliar el sueño, y desesperado porque la medicina convencional no podía curarlo. Decidió visitar a tal personaje para encontrar una solución definitiva a su mal.
Era un hombre desconfiado y con cierto escepticismo  el cual trama una pequeña prueba al curandero, que normalmente no aceptaba dinero pero si ofrendas en formas de regalo, como pudiera ser un queso que se disponía a ofrecer al sanador. Sólo si este conseguía averiguar  que enfermedad le sometía a tal malestar. Así que antes de acudir a ver al curandero esconde el queso en el hueco de un árbol próximo a la estancia de aquel viejo.
Este buen hombre en la visita al sanador le cuenta que lleva muchas noches sin dormir, que no logra descansar en toda la noche. Que aunque no siente ruidos que le perturben, ni problemas que le atormente, ni dolor que le desasosiegue, no consigue pegar ojo. Ni siquiera esas pastillas para conciliar el sueño le pueden ayudar. Por las mañanas se siente muy cansado y por el día no puede ni con su alma. Era como si se estuviese consumiendo en vida, como si algo le robara la alegría de vivir, era una pesadilla real.
Nuestro curandero se sienta en frente de él y le mira a los ojos con templanza y en esto que acaba de escuchar atentamente al hombre en su queja, se cruza de brazos y le pregunta:
– Señor. ¿Ha pedido algo a las santas ánimas benditas?,  Sé que han intercedido por usted en alguna ocasión en el pasado y que le ayudaron con ciertos problemas económicos relacionados con la guarda del ganado. Por el contrario usted no ha cumplido con ellas…
No tiene nada de enfermedad, pero si le están diciendo que cumpla lo que les prometió… Hágalo sin tardar!! –
El Hombre  se quedó boquiabierto y muy sorprendido recordando que años atrás se obro un deseo bajo petición a las ánimas, que él en su felicidad olvido de satisfacer. Raudo partió a resolver tal asunto con una misa pensando que una vez realizada terminaría con los males que le atormentaban.
En esto que se quería despedir del curandero  diciéndole que le regalaría un presente por su servicio cuando esté le detuvo advirtiéndole…
– “Pues usted me regala lo que quiera, ¡pero por el queso no vaya! … porque los perros se lo han llevado…”.

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