LA NIÑA SENSITIVA. Culta Puella.

No hace mucho que una tarde cualquiera de primavera, mientras almorzábamos en el descanso de una ruta de senderismo en la conocida Sierra de las Nieves. Tuve la oportunidad de obtener el testimonio de una mujer  vecina de Antequera cuyo domicilio se encuentra en las afueras en una casa de campo hacia El Valle de Abdalajis. Como en otras ocasiones, surgió una conversación en post a temas mistéricos y sobrenaturales que amenizaron en gran medida a los contertulios de aquella reunión.
Me llamó muchísimo la atención el testimonio de aquella mujer que hacía referencia a la zona conocida en Antequera como  “Cuesta de las animas” y” Cortijo de las animas”, hacia la carretera del Valle.

Esta vez era una aseveración en primera persona. Un atestado que difícilmente se suele dar por miedo a quedar por loco o demente, máxime si el receptor o auditor es un perfecto extraño como lo era yo en aquellos instantes. Motivo de más para agradecer  tal casualidad y hacer que conste en este libro. Este es, con más o menos exactitud, el testimonio de aquella mujer.

“Usted me llamara Loca, pero yo le voy a contar algo que me sucedió no hace mucho tiempo.
Yo tengo una nieta de unos cinco añitos. Una noche íbamos en coche camino de Antequera. Mi hija conducía y mi niña iba en la parte de atrás. Me acuerdo perfectamente que íbamos bajando por la carretera de la cuesta de las ánimas. De repente miro hacia atrás y me encuentro a mi nieta saludando por la ventana hacia la oscuridad de la noche tan solo alumbrada por el reflejo de los pilotos traseros. A mí me extraño tal cosa y exclame – ¡Niña que haces!… – Yo suponía que estaba jugando sola o algo por el estilo, A lo que ella me contestó: – Abuela un hombre vestido de negro me está diciendo adiós, ¡Esta allí en los arboles! – .
Mi hija y yo quedamos asustadas y decidimos no hablar más del tema. Desde luego nosotras no vimos nada,! ni queríamos verlo!.
Tiempo más tarde una conocida de la familia que tiene don de curar me dijo…
– No te extrañe nada que tu nieta vea cosas donde no las hay… pues tiene el don de ver a los fallecidos y le pedirán cosas. A mi esta niña me tiene preocupada pero no tratare de ninguna manera de regañarle o hacerla sentirse rara…”

Yo la tranquilice diciéndole que hacia lo correcto, al no darle importancia al asunto y por supuesto no traumatizar a la niña bajo ningún concepto por el hecho de tener tal experiencia. A menudo los niños en su inocencia son realmente sensitivos y tienen una apertura de miras más allá del racionalismo y raciocinio de los adultos. A mi parecer bendita fantasía que nos abre puertas a otros mundos más felices. Le comente a la mujer que no se preocupara, en lo sucesivo posiblemente tales experiencias desaparecerían con el crecimiento, tal como afirman versados psicólogos. Si no ya se encargaría la sociedad en la que vivimos llenas de estereotipos y modelos a seguir,  de eliminar cualquier capacidad receptora sobre natural sensorial más allá de nuestras narices.

fan1

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